No es solo instalar: así evitás que tu celular viejo se vuelva un ladrillo al actualizar Android

A mí me pasó hace poco con un Samsung Galaxy J2 Prime que tenía guardado: estaba tirado en un cajón con Android 6 y pensaba que ya no servía para nada. Pero claro, después de investigar un poco, me di cuenta de que existe una "segunda vida" para estos equipos a través de la instalación de versiones más modernas de Android. El tema es que no es tan simple como parece, y antes de hacer cualquier cosa, hay que entender bien dónde te estás metiendo para no terminar con un pisapapeles caro.

La idea de poner Android 14 o hasta Android 15 en un celular del 2016 suena espectacular, ¿verdad? Y sí, en parte es posible. Esto se logra con lo que se conoce como ROMs personalizadas. Son versiones de Android que la comunidad de desarrolladores adapta para modelos específicos, permitiendo saltarse las limitaciones del fabricante. El problema es que esta libertad tiene un costo y, si no lo sabés, podés arrepentirte.

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Los riesgos ocultos de actualizar un Android viejo

Antes de emocionarte con un Android más nuevo, te cuento lo que nadie te dice. Para empezar, perdés la garantía de forma inmediata y, si no hiciste una copia de seguridad, chau todos tus datos. Pero lo grave es que tu teléfono podría no funcionar bien después de la actualización. Me refiero a cosas como que la cámara deje de andar, no puedas usar la red móvil, o apps importantes como Netflix no se ejecuten. Incluso, el rendimiento general puede empeorar si el hardware de tu celu no está a la altura de la versión de Android que le metiste. Y en el peor de los casos, si fallás en algún paso, tu celular se puede convertir en un "ladrillo", o sea, queda completamente inutilizable.

El mayor obstáculo en la actualización de un celular viejo con ROMs personalizadas es el desbloqueo del bootloader, una barrera de seguridad que no todos los fabricantes permiten quitar.

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El proceso en sí requiere una PC con Windows, un cable USB y, en algunos casos, una tarjeta microSD. Implica tres conceptos clave: el bootloader, el recovery personalizado y la custom ROM. El bootloader es como la puerta de seguridad de tu teléfono. Hay que desbloquearlo para poder instalar un recovery personalizado, que es una herramienta para manejar la instalación de la custom ROM. Y acá está el gran "pero": no todos los teléfonos permiten desbloquear el bootloader. Algunos fabricantes lo bloquean a propósito, y si no se puede desbloquear, no hay forma de avanzar. Por eso, antes de intentar cualquier cosa, es fundamental que busques bases de datos específicas para ver si tu modelo es compatible. No tiene sentido intentar nada si no podés pasar el primer paso. Entender esto te puede ahorrar un montón de tiempo, plata y dolores de cabeza innecesarios.

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