¿Smart TV o Android TV? Así elegís el correcto y no te arrepentís

¡Ojo si estás por cambiar el televisor de tu casa! Parecen lo mismo, pero un Smart TV y un Android TV tienen diferencias clave que te pueden ahorrar dolores de cabeza y plata si las conocés antes de comprar. No es solo un tema de marcas, es de cómo vas a usarlo y qué tan flexible será a futuro.

Un Smart TV es básicamente un televisor con internet y su propio sistema operativo, creado por la marca. Pensá en Samsung con Tizen, LG con WebOS o Hisense con VIDAA. Estos televisores te permiten instalar apps como Netflix o YouTube y navegar un poco, pero tienen una limitación importante: solo podés bajar las aplicaciones que están en la tienda de esa marca específica. Si una app popular no está ahí, te quedaste sin ella.

En cambio, un Android TV es también un tipo de Smart TV, pero corre con el sistema operativo Android de Google, el mismo que tenés en tu celular. La gran ventaja es que usa la Google Play Store, lo que te da acceso a miles y miles de apps, juegos y servicios, muchísimos más que en cualquier Smart TV propietaria. Es como tener un celular Android gigante para tu living. Además, las actualizaciones de software las manda directamente Google, lo que le da una vida útil mucho más larga y versátil en cuanto a lo que puede hacer.

Más allá de las aplicaciones: ¿con qué se lleva mejor?

La compatibilidad con otros aparatos es otro punto fundamental. Los Smart TV tradicionales a veces se ponen quisquillosos. Por ejemplo, si tenés un Samsung, seguro se conecta genial con tu celular Samsung, pero con un Motorola o un iPhone, puede que te cueste más o las funciones sean limitadas. Un Android TV, en cambio, se entiende con casi cualquier teléfono Android como si fueran hermanos. Te permite enviar contenido directo con Chromecast integrado, y hasta funciona bien con iPhones gracias a las apps compatibles que bajás de la Play Store.

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Si tenés una Smart TV "vieja" que ya no recibe actualizaciones de apps, no la tires: un Android TV Box puede darle nueva vida, transformándola en un Android TV por poca plata.

Hablemos de la interfaz, es decir, cómo se ve y cómo navegás por los menús. En los Smart TV, cada marca tiene su estilo. Algunos son súper sencillos y rápidos, perfectos si solo querés Netflix y nada más. Otros, en cambio, pueden ser confusos o limitar mucho lo que podés personalizar. Con un Android TV, la experiencia es mucho más unificada. Los menús son parecidos a los de un celular Android, lo que hace que sea muy intuitivo si ya usás un smartphone. Y para rematar, viene con el Asistente de Google integrado, así que podés controlar el televisor y otros dispositivos inteligentes con comandos de voz, sin buscar el control remoto.

Un detalle no menor son las actualizaciones a largo plazo. Muchos Smart TV con sistema propietario dejan de recibir soporte después de unos pocos años. Esto significa que las apps dejan de funcionar bien o directamente no abren. Con Android TV, si bien no es para siempre, Google suele dar un soporte mucho más extendido. Y si por alguna razón una app deja de andar, la Play Store te da alternativas para seguir usando tus servicios favoritos.

El rendimiento es un poco más variable y depende del modelo específico de televisor. Algunos Smart TV propietarias son muy rápidos porque están optimizados para unas pocas apps, y eso se nota. Android TV, al tener más opciones y un sistema más robusto, puede sentirse un poco más lento si el televisor no tiene un hardware potente. Pero la verdad es que en las gamas medias y altas, un Android TV siempre te va a dar una experiencia fluida con muchísimas más posibilidades.

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Al final del día, si buscás máxima flexibilidad, acceso a la mayor cantidad de apps, actualizaciones de software más duraderas y una integración fácil con tus otros dispositivos, el Android TV es el que va a cumplir todas esas expectativas sin que te arrepientas. Si solo querés un par de apps y nada más, un Smart TV puede servirte, pero sabé que estás limitando tus opciones a futuro.

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